El Black Friday llega cada año envuelto en mitos sobre su origen. Que si nació por un colapso bursátil, que si surgió por las cuentas “en negro” de los comercios, que si fue un invento del marketing estadounidense…
Lo que sí sabemos es que este concepto estadounidense ha terminado plenamente normalizado en nuestra cultura mediterránea, como si siempre hubiera formado parte de nuestro calendario.
Pero quizá ha llegado el momento de darle un nuevo sentido.
Hoy, cuando pensamos en Black Friday, pensamos sobre todo en tecnología a mejor precio: móviles, ordenadores, dispositivos inteligentes… Productos que no solo compramos por ser más baratos (aunque su singular descuento en esta época también ayuda) sino porque están cambiando nuestra forma de vivir.
Nuestra casa es más inteligente, trabajamos de forma más flexible, nos comunicamos de otra manera y nos organizamos con herramientas que hace años eran impensables.
Por eso, en lugar de verlo como “el día de la compra compulsiva”, podemos convertirlo en el día de la oportunidad digital: un recordatorio de que, detrás de cada dispositivo, hay una posibilidad de aprender, crear, conectar y hackear nuestro propio futuro.
El Black Friday puede ser más que un descuento: puede convertirse en una puerta hacia una vida más digital, más consciente y más preparada para lo que viene.
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✍️ José Manuel Plaza

